Cuento: El Recuerdo.

El recuerdo


Te escribo todo esto dolido por recordar cómo te fuiste a la italiana (o a la francesa, nunca he sabido muy bien cómo se decía). El canto del gallo me ha levantado de una cama de vete a saber quién. Tengo el ánimo bajo 28 días al mes y solo lo levanto cuando la luna está llena. No me concentro ni para hacer de comer, me quedan las salchichas siempre a medio hacer. He vuelto a ver tu nombre escrito en el muro que cargo sobre los hombros. Mis amigos me han llevado hoy a mover las caderas en el banco de nuestro parque. La luna bronceada me preguntó qué tal lo llevo y, ante tan inesperada cuestión, mentí diciéndole que no sé nada de ti y que mi vida es mejor así, que te deseo la mayor de las suertes, que quiero que seas feliz y que no te acuerdes de mí, excepto, por ejemplo, cuando llueva sobre nuestro tejado. Alguien desconocido me ha metido en este lío y me trajo hasta aquí ebrio, y todo gracias a un disparo de tanga con una ballesta. Sé que no voy a conseguir que me llames para desbrochar el botón de mi pantalón y meter tu dedo por el ojal. Me siento sucio fingiendo que paso de todo, repitiéndoles a todos que no necesito a nadie para estar bien. Soy alumno en un mundo de maestros. Me congelo y me lleno de mierda en la calle, bebiéndome un litro y fumándome un porro enorme, jodiéndome la vida sin elegancia ni ambición. Tú eres la única ahora mismo que puede calmarme. Echo de menos ser tuyo, en tus ricos labios, invadiendo tu piso. No sé ir de flor en flor. No puedo irme de aquí sin despedirme de ella. Al tercer día ya me siento vacío de nuevo. Me toca esperar otro mes más para poder escribirte otra vez.


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